¿Filantropía, negocio privado o un modo encubierto de hacer política?

Las ONG, bajo la lupa

Por Tali Goldman
25.01.2012
     

Tuvieron auge en los ’90, pero la recuperación del Estado y los partidos políticos le quitó impulso al “tercer sector”. Replanteos, sospechas cruzadas y sellos de goma.

intervenciones. La ONG Greenpeace, en una acción contra la tala de árboles (arriba). La “pueblada” del Famatina, en contra de la Mega minería en La Rioja (derecha).

Pueblada: alzamiento, insurgencia, insurrección, intentona, levantamiento, movimiento, pronunciamiento, revuelta, solevamiento, sublevamiento, rebelión, sublevación.

Todo eso sucedió en Famatina. El pueblito atravesado por la montaña en la provincia de La Rioja, que desde el 2 de enero pelea para que Osikoko Mining Company –en complicidad con el gobierno provincial– no ponga a funcionar la megaminería a cielo abierto que podría contaminar nada más y nada menos que un elemento vital –y escaso– para la vida de los lugareños: el agua.

Los cortes de ruta o piquetes, que comenzaron reuniendo a unos doscientos vecinos, hasta alcanzar unos setecientos en su pico máximo –un número que en relación con otras manifestaciones podría haber pasado perfectamente inadvertido– se convirtió en un verdadero foco de resistencia a nivel nacional. Un pueblo en conjunto que sigue levantando bien alto su bandera, “El Famatina no se toca”, y que logró interpelar hasta las fibras más íntimas a quienes los conmueve la lucha social. Y fue en ese momento, cuando los lugareños se hicieron visibles y sus reclamos se oyeron a lo largo y ancho del país, cuando diversos Organismos No Gubernamentales decidieron acompañar los reclamos de los riojanos. Cabe, entonces, la pregunta: ¿cuál es el rol de las ONG en la Argentina de hoy? ¿Siguen manteniendo las mismas funciones que durante su apogeo en la década de los ’90? ¿Es necesario un replanteo de los espacios de la sociedad civil?

A fines del siglo XX, las ONG conformaron el denominado “tercer sector”. Con reglas muy claras y funciones específicas, las organizaciones sin fines de lucro se convirtieron en el canal de demandas de la sociedad civil. En nuestro país, durante el menemismo, se colocaron como interlocutor de un Estado en crisis, ausente por omisión, y se tornaron más legítimos que los partidos políticos, que atravesaban su peor experiencia entre corrupción y pactos frustrados. Es más, muchos especialistas aseguraban que las ONG reemplazarían a los partidos políticos, en un mundo en el cual el teórico liberal Francis Fukuyama vaticinaba “el fin de la historia”.

Si bien en algunos países como Estados Unidos estos organismos se convirtieron en verdaderos lobbystas del poder, en Argentina eso no sucedió. El regreso del “Estado fuerte” en el centro del debate y la política como motor de la transformación, tiraron por la borda los vaticinios neoliberales.
Según explicó a Veintitrés Oscar Oszlak, una eminencia en el campo de la Ciencia Política y especialista en la temática del Estado, “en épocas en que los partidos y sus dirigentes pierden legitimidad y capacidad de representación, las ONG pasan a cumplir un rol que en cierto modo ‘sustituye’ a los partidos. Muchas continúan cumpliendo su rol fundacional, sea en los ’90 o ahora. Lo que ha cambiado es la ‘densidad’ y variedad institucional de las ONG”.

Para Ignacio Ramírez, Sociólogo y Director de Opinión Pública y Mercado de la consultora Ibarómetro, “durante los noventa, el Estado y la Política eran más parte del problema que de la solución y las soluciones estaban en la sociedad civil. Había que dejar que ésta se diera a sí misma sus formato de agregación y organización en forma espontánea, de abajo hacia arriba. El onegeísmo –expresión de ciertos valores de la posmodernidad, con acento en la sociedad civil e individualismo– venían a rescatar las particularidades, las ‘historias mínimas’. Había que quitarle el poder a los gobiernos, al Estado y transferírselo a las sociedades”. Y agregó: “En el contexto actual, que muestra rasgos de un ecosistema cultural distinto y contrastante al de los ’90, el discurso onegeísta ya no ocupa el mismo ‘lugar autorizado’ dado que su fortaleza requiere de la debilidad de los valores de universalidad y lo público que sólo puede encarnar plenamente el Estado. Y el Estado recuperó una gran adhesión como instancia por excelencia de superación de intereses corporativos y particulares”.

En ese sentido, Juan Carr, presidente de Red Solidaria –una de las organizaciones sociales más reconocidas del país– y una de las figuras más convocantes en materia solidaria, también entiende que las ONG deberían “replantearse” su rol. En diálogo con esta revista, Carr deslizó que “el replanteo, nosotros lo hacemos todo el tiempo. Lo que tenemos que repensar es el tema de la humildad, en el sentido de interpretar a los postergados y encontrarse con ‘los otros’. Lo que debe aportar el mundo de las organizaciones es sabiduría verdadera y no ir por el lado opuesto de la política, sino en conjunto con ella”. Además, explicó que “las ONG sirvieron para atravesar los ’90 con dignidad. Por ejemplo, hoy, con el caso de Famatina a la que considero una verdadera pueblada, magia, Pueblo con mayúscula, me pregunto: ¿qué tenemos que hacer nosotros? ¿Sumar? ¿Complementar? ¿Hay que molestarlos? Yo, en lo personal, trato de ubicar a los líderes naturales que surgieron de ese movimiento y los sigo, pese a mi experiencia”. En ese sentido, Enrique Viale, presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y uno de los más férreos activistas de Famatina, aseguró que “las ONG debemos tener una mirada absolutamente relacionada con los movimientos sociales, territoriales, asambleas. Debemos estar en permanente contacto con ellos que son los verdaderos protagonistas”.

Por el contrario, para Eugenia Testa, directora política de Greenpeace, la ONG ambientalista por excelencia, “lo que sucede hoy en día no tiene que ver con un nuevo rol de las ONG. Lo que cambió es que la sociedad está más interesada en ciertas cuestiones que antes sólo las ponían en agenda las organizaciones sin fines de lucro. Y eso es un logro de las ONG y del producto de difusión, educación y campañas desde la sociedad civil”. Testa agregó que desde Greenpeace “valoramos la independencia política y económica. Eso no quiere decir que no trabajemos con el Estado, al contrario, somos grandes fomentadores de políticas públicas”.

Para Oszlak, en ese sentido, “ninguna organización es políticamente neutra. Aún cuando tengan fines que persiguen formalmente el interés general de la sociedad –o algún interés socialmente legítimo–, es casi inevitable que su labor tenga una determinada orientación político-ideológica o que, además, persiga ciertos intereses propios de sus dirigentes o personal profesional responsable”. Comparte este pensamiento el sociólogo y director de la consultora Equis, Artemio López: “Muchas ONG se jactan de no tener incidencia o afinidad política, pero esto no es así. ¿Cuántas ONG fueron utilizadas como base para saltar a la política? No tienen nivel de representación, éstas están dadas por los medios de comunicación. La sociedad argentina tiene en la política partidaria su forma más robusta de participación”.

En coincidencia, Sandra González, presidenta de la Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios de la Argentina (Adecua), afirmó que “el hecho de que una ONG salga en los medios no significa que una ONG sea seria. Por ejemplo, hay algunas que no sólo no tienen lugar físico fijo, sino que ponen un teléfono particular  de contacto. Otras son funcionales a determinados grupos empresarios, por acción u omisión, y ni siquiera tienen una jurisprudencia a favor del consumidor”. Viale, por su parte, también agregó que existen numerosas organizaciones que funcionan como “sellos de goma”. “Hay muchas organizaciones que supuestamente apoyan la actividad minera pero sirven para desviar la atención, y pretenden mostrar que parte de la sociedad apoya a la megaminería, cuando en realidad no tienen siquiera un miembro en la organización”.

Juan Carr concluyó que “es un gran momento de las ONG porque todos están haciéndose este planteo, sobre todo la generación de los que tienen treinta y cuarenta años”.

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