El historiador Marcos Carrizo habla sobre la presencia afro en la provincia

Córdoba morena

Por Guillermo Posada
22.09.2011
     

“El discurso hegemónico en la historia pretendió invisibilizar la presencia mestiza en base a un criterio racista”, señala. El uso actual de la palabra “negro” y su extensión en la aplicación del 
Código de Faltas.

FOTO: G.P. / Gentileza de la familia Astrada y el Lic. Federico Sartori Moyano

Mi libro es una respuesta a las hipótesis de sentido común sobre la supuesta desaparición de los africanos, los afrodescendientes y la cultura afromestiza en Córdoba”, explica el historiador Marcos Carrizo, tras presentar en el Buen Pastor su libro Córdoba Morena, investigación sobre el papel de la población de ascendencia africana entre 1830 y 1880, cuando comienza a madurar la conformación del Estado-nación en la Argentina. Gran parte de su trabajo se realizó en el Archivo Histórico de Córdoba, segundo en magnitud del país tras el Archivo General de la Nación. El documento más antiguo data de 1574, un año después de la fundación de la ciudad.

Carrizo suma así herramientas de análisis al movimiento en Córdoba que empieza a rescatar la influencia afro en la provincia, ninguneada sistemáticamente por la historia oficial. “Trabajé para tratar de desmontar estos mitos, con distintas fuentes, archivos, testimonios. Numerosos relatos de viajeros nos informan que lejos de desaparecer, el papel de los afrodescendientes fue muy importante en la provincia”, afirma.

–¿Con qué mitos sobre los descendientes de negros se enfrentó al iniciar su trabajo?

–El mayor es que todos murieron en las guerras de la independencia, que sufrieron una desaparición física y sistemática, porque habrían sido enviados sistemáticamente a las guerras. Eso hay que matizarlo porque es cierto que muchos fueron enviados a pelear por la independencia, pero también muchos volvían y aquí quedaban sus familias, sus mujeres que seguían mezclándose y sumando su idiosincrasia, su cultura, sus genes a la sociedad cordobesa del momento.

–¿Córdoba Morena contrarresta el mito de la Argentina blanca?

–Sí, porque el mito tiene que ver con el desarrollo de los Estados-nación, que muchas veces se construyeron en contra de sus propios pueblos insertos en los territorios. Álvaro García Linera (vicepresidente de Bolivia y reconocido intelectual latinoamericano) dice que los Estados americanos nacen “racializados” por una elite dominante que supuestamente es homogénea étnicamente y descendiente de europeos, que construye un ideario en el caso argentino se presupone trasplantado, diría un antropólogo, desde Europa. Ese mito, que nos diferenciaría del resto de Latinoamérica, se sostiene hasta el 2001 cuando, por distintas causas, se observa a los argentinos que empiezan a reconocerse como pertenecientes a Latinoamérica. Nuestras elites siempre bajaron un discurso racializado donde se ninguneaba primero al indio y al negro, poniendo mucho énfasis en la inmigración europea que encarna el progreso, la modernidad y el desarrollo… Las razas establecidas anteriormente a la gran inmigración siempre tuvieron una connotación minoritaria, por eso los grupos étnicos que no eran reivindicados por el Estado-nación se habrían fundido en el entramado social hasta desaparecer. Ese discurso se aplicó tanto con los aborígenes como los afrodescendientes.

–¿Qué objetivo tenía ese discurso?

–Opera como un dispositivo de invisibilización, que se ve en la prensa cuando denigra a cierta cultura popular donde el componente afro es muy importante. Hay un libro importante escrito sobre Buenos Aires que se llama El carnaval sitiado que describe las agresiones a la cultura popular mestiza. Desde 1880 también sucede en la escuela, entre los intelectuales como Sarmiento, Bunge o José Ingenieros, que niegan o minimizan el aporte africano a la cultura argentina, señalando la extinción del aporte negro. Pero muy por el contrario, en las prácticas culturales, en la propia gente en lugares como Córdoba, se advierte que está presente.

–¿Cómo se advierte?

–En los fenotipos, en la misma práctica cultural, en la comida, en el lenguaje. Por ejemplo, manejamos muchos vocablos de origen afro como marote, tamango, kilombo, mina, candombe, milonga, tango, mazamorra, bombo. En Córdoba los primeros maestros de tango eran negros, los hermanos Serna fundan la Asociación Coral Argentina. Los personajes de los sectores marginales cordobeses están presentes con su influencia afro, como lo retrata Roberto Ferrero en su libro La mala vida en Córdoba. Hoy se pueden encontrar en cantantes o deportistas, el origen afro está objetivamente pero no desde lo subjetivo porque los propios descendientes no se reconocen.

–¿Cómo se produce la negación de los orígenes africanos entre los propios descendientes?

–Entiendo que se opera en doble sentido. Por un lado con la denigración y discriminación de arriba hacia abajo, cuando logran su libertad pero se enfrentan a un fuerte discurso de clase y de estatus. A las clases populares se las relaciona con la barbarie para hacer una operación de negación, primero relativizando su número e importancia. Desde abajo, tiene que ver con el estigma de tener que enfrentar ese discurso sin organizaciones sólidas que los contengan y reivindiquen lo étnico en Córdoba. Quedó en el ámbito familiar pero se negó en la esfera pública. En la escuela, en el nivel primario y medio, sólo aparecen los afrodescendientes en las fiestas patrias, cuando los chicos se pintan con un corcho. Así se construyó una hegemonía que fue aceptada por los sectores populares.

–Las fuentes documentales que utiliza en su libro desmienten la desaparición.

–Sí. Con los censos, en los archivos de crímenes y registros notariales. En 1840 todavía aparecen en las transacciones comerciales porque entonces aún había ventas de esclavos. En los relatos de viajeros extranjeros se encuentran descripciones de las características poblacionales de la provincia, donde queda registrada la proporción afro en los habitantes de Córdoba. Somos un foco fuerte de asentamiento de esclavos y sus descendientes porque todas las instituciones religiosas tenían grandes planteles.

–Al ser un foco religioso fuerte, también lo es en la cantidad de esclavos.

–Además, todo el sistema productivo giraba alrededor de los africanos y los afromestizos, tanto esclavos, como libertos o libres, como conchabados o salariados. Hay una carta del gobernador López, que está peleando con los unitarios en el norte, donde manda a pedir a las autoridades cordobesas que le envíe a los Cívicos de Córdoba, una milicia de negros de la ciudad. Le contestan que no los pueden enviar debido a que no quedará nadie que trabaje en la ciudad porque los artesanos son en su mayoría de este origen, lo mismo sucede en el servicio doméstico y está muy presente en el trabajo rural. Todo esto se da en un proceso de transición hacia relaciones de tipo capitalista que se alcanzan a fines del siglo XIX. Mientras tanto, perviven la servidumbre y en menor medida en la esclavitud. En el censo de 1830, que es el último que registra categorías étnicas, al contabilizar por oficio, se encuentra que en algunas actividades más de la mitad son afromestizos, en otras alcanza el 90 por ciento.

–¿Cómo impactaron las levas para los ejércitos patriotas en Córdoba?

–En las conscripciones para las guerras de la independencia los propietarios se niegan con distintos recursos a entregar a sus esclavos porque dicen que no van a ser indemnizados por el gobierno central. Los esconden, entregan a los más viejos y enfermos que son rechazados. A diferencia de la región de Cuyo, donde rápidamente se desestructuró la mano de obra esclava y la gran mayoría se la llevó San Martín al Ejército de los Andes.

–¿Tuvo que ver el hecho que Córdoba fue un foco contrarrevolucionario?

–Sí. Tiene que ver que en primer momento hubo resistencia a la Revolución de Mayo y la elite local se negó contribuir con los ejércitos. El gobierno de entonces les exigía apoyo a los comerciantes y a las órdenes religiosas, que fueron refractarias al proceso. Los afromestizos están presentes en toda la sociedad colonial, hasta el aluvión inmigratorio de 1880, que a Córdoba llega de forma tardía. Para 1895 sólo hay un 11 por ciento de extranjeros en Córdoba, el resto es criollo donde los afromestizos tienen mucha influencia étnica. Encontré casos de soldados de la independencia, africanos nacidos en Angola, que en 1840 aparecen como esclavos y en 1869 ya aparecen como argentinos. El discurso censal argentino elimina las categorías étnicas, y queda con un esquema binario de argentinos y extranjeros. La grilla colonial sí lo tenía, identificaba a los españoles o nobles, pardos libres o esclavos, negros libres o esclavos, etc. Casualmente no se hizo por una superación de un discurso racista sino con el objetivo de tender un manto para blanquear a los argentinos.

–¿Las estancias jesuitas cumplen un rol en la concentración de trabajo esclavo?

–La orden jesuita es la mayor propietaria de esclavos. Tanto en La Candelaria, en Caroya, en el Colegio Monserrat. Igual sucede con otras órdenes como las Teresas, los Franciscanos, todas tienen planteles de esclavos y por eso las iglesias contaban con rancheríos anexos para que vivan junto a los sirvientes. Estamos hablando de una sociedad con un bajo nivel tecnológico y, por lo tanto, que requiere mucha mano de obra intensiva. Los artesanos de Córdoba son un núcleo duro de afromestizos. También era redituable capacitar un esclavo en un oficio y después venderlo.

–Su libro detalla formas de resistencia que tenían los afrodescendientes de aquella sociedad del siglo XIX.

–Sí, son prácticas para obtener la libertad y para acceder a la propiedad en menor medida. Tenían distintos mecanismos como robar, fugarse, desde la difamación hasta el homicidio contra sus amos esclavistas, trabajar a desgano...

–El quite de colaboración...

–Sí, era una de las reacciones de resistencia en la práctica, pero carecieron de acciones colectivas por más que existieron algunas cofradías de ayuda mutua que no tuvieron duración. En ese sentido hay que señalar que las resistencias tuvieron carácter individual. También hubo resistencias a los reclutamientos para las guerras de la independencia que se contraponen al mito de que los negros murieron en las guerras. Las deserciones masivas se producían no sólo de los negros sino de todos los sectores subalternos. Y explican la permanencia. Algunos estancieros eran cómplices de la situación y refugiaban a los desertores para obtener más mano de obra. Estamos hablando de una sociedad cordobesa con una crónica falta de trabajadores. Por otro lado, en el período de mediados del siglo XIX se observan migraciones regionales desde Córdoba a Buenos Aires para trabajar. En la época se decía “me voy para abajo”, al litoral por el desarrollo ganadero. Esto es fruto de la desestructuración de la economía de las provincias cuando el eje económico pasa del Alto Perú hacia el puerto, lo que implica una retracción de la economía cordobesa. Esa es otra de las variables que explican la supuesta desaparición. La investigadora Maia Paulo, en su tesis de antropología biológica de la UNC, encuentra que el ADN mitocondrial con linaje africano está presente en el 90 por ciento de las localidades cordobesas donde hace muestras, fluctuando entre el 8, 9 o 12 por ciento.

–Al no encontrarse afrodescendientes puros en cantidad, se abona al mito.

–Es que no estamos capacitados para comprender esta realidad porque pretendemos encontrar negros como en Brasil o Uruguay, cosa que en Córdoba no ocurre en general, pero evidentemente en el fenotipo del cordobés nativo, en los sectores populares, está presente. Por eso es que la intención del trabajo es recatar ese legado para contribuir a la construcción de esa identidad. El proceso de blanqueamiento tuvo un éxito total, a pesar que el biotipo africano es parte estructural de la población cordobesa con sus distintas variantes.

–Mientras en el discurso dominante la palabra “negro” se utiliza para describir lo malo, lo rechazable, lo delictual, incluso el trabajo precario o mala calidad, en los sectores populares cordobeses el “negro” se utiliza también en un sentido positivo.

–Por supuesto, “negro” tiene acepciones diferentes. En los sectores populares cordobeses la palabra tiene un sentido cariñoso.

–Actualmente existe un larvado racismo en la aplicación del Código de Faltas provincial que se aplica de forma represiva entre los jóvenes de los sectores más humildes, donde los pobres y morochos están a disposición de la policía. ¿Encuentra en la pretensión de invisibilizar al “negro” el germen para castigar la “portación de rostro” en esta conducta del poder local?

–Creo que es una continuidad, típica en la historia. Está asociado el color oscuro de la piel a lo sospechoso, base del discurso hegemónico que “esencializa” a las personas conforme a su color de piel.

22.09.2011
     
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