Despierta amores y odios por igual. Quienes lo aman demuestran su pasión con estilo súper fan pop: gritos desenfrenados, desesperación por tocar aunque sólo sea su dedo meñique y, por qué no, mesándose los cabellos. Es el ídolo absoluto. Quienes lo odian no dejan de criticar los aspectos de su personalidad y la factura de sus programas. Es el enemigo público Nº 1. Indudablemente, es Marcelo Tinelli, productor y conductor de ShowMatch, el contenedor de Bailando por un sueño. Es el hombre que el lunes 11 eligieron cuatro millones y medio de argentinos para acompañar su noche y descubrir qué les deparará a lo largo del año. Por lo que se vio en el debut, no habrá demasiadas sorpresas: mujeres mostrando sus curvas (en dos o tres nuevos ritmos incorporados) y jueces que, en teoría, prometieron no llegar a las manos en sus peleas. Tal como está catalogado, es un programa de “humor y entretenimiento”, de modo que reclamarle algo de contenido sería destemplado. Pero, después de 23 temporadas, todas exitosas, Tinelli y sus productos se ganaron el calificativo de “fenómeno cultural”, aunque no conforme demasiado a hombres y mujeres de la cultura.
“Mucha gente se identifica con la ‘viveza criolla’ del conductor, con la malversación del erotismo y la cosificación, o mejor dicho, ‘culización’ de la mujer de la que hace gala el programa”, consideró el cineasta Eliseo Subiela, quien acaba de estrenar en teatro una adaptación de su inolvidable película Hombre mirando al sudeste. Sin embargo, advirtió la necesidad de “no exagerar: es un programa de entretenimiento muy eficaz, que tiene mucha audiencia, pero el rating no lo hace bueno, de la misma manera que tener muchos votos no convierte en bueno a un gobernante”. Para el realizador de Últimas imágenes del naufragio, “se puede alegrar la vida de la gente siendo Chaplin, o estupidizarla y alentar sus peores características. En ninguno de los dos casos se puede alegar inocencia”.
Sin lugar a dudas, el más duro en sus críticas fue Mario Pergolini, siempre ubicado en la vereda opuesta al dueño de Ideas del Sur. En el programa radial que emite su nueva empresa, Vorterix Rock, el ideólogo de CQC lanzó un ataque feroz, quizá buscando reeditar el enfrentamiento que los tuvo como protagonistas absolutos en la década del ’90. “Un montón de cosas ridículamente armadas”, así calificó la apertura de ShowMatch, y continúo: “Eran los juegos olímpicos más berretas que vi en mi vida. Una sucesión de ostentaciones ridículas… Basta de la obviedad de la estupidez. No me gustó nada”. Además, lanzó la campaña “Cada vez que ponés Tinelli, un libro se suicida”, que comenzó cuando adjudicó el “accidente” de la biblioteca de la Legislatura porteña (inundación) a un intento masivo de suicidio, después de que los más de 38 mil títulos vieran la nueva temporada del reality de Tinelli.
Jorge Coscia, secretario de Cultura de Nación y también cineasta, coincidió con Subiela en que Tinelli representa “la tele del entretenimiento fácil, de determinados valores, algunos inofensivos y otros no tanto. La gente tiene derecho a la distracción ligera después de un día de trabajo; el problema surge cuando por buscar rating se toma un camino degradante, debería haber límites éticos”.
El funcionario cree que lo importante es lograr una diversidad en la oferta televisiva, que garantice programas de contenido: “Siempre hay más gente que lee la historieta de la última página del diario que un libro. Pero un programa de contenido cultural con dos puntos de rating implica 200 mil televidentes que recibirán el equivalente de haber leído un libro. La tele de contenido siempre tendrá menos rating, porque la cantidad y el divertimento son inversamente proporcionales a la calidad, pero también siempre tendrá más anclaje. Será más recordada que el corpiño que se deslizó en Bailando…”.
Para el conductor de Puerto Cultura, “nadie puede decir que Tinelli es peor que Roberto Galán o que sus programas son peores que A la cama con Moria. Son modas. Pero la tevé pasatista no da más que para una charla en la oficina al día siguiente. La de contenido se discute, se piensa, se imprime en el pensamiento y la memoria. Claro que en este cambalache que es la tele, hay más calefones que biblias”.
El escritor Martín Kohan, autor de La calle de las putas, Cuentas pendientes y Bahía Blanca, no sabe si los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, como afirma el viejo dicho, pero está seguro de que “tenemos el entretenimiento que nos merecemos: Tinelli es síntoma de otras cosas. Sus programas pasaron por el blooper, el patinaje, la cámara sorpresa, el baile, pero no importa el objeto que ponga, el interés se mantiene. Es decir, lo que interesa es él, aunque no parece dotado de ningún talento especial”. Puesto a analizar, Kohan admite que esa misma simpleza “puede ser una parte del atractivo; también el hecho de que narra lo que pasa y se está viendo, aunque lo que pasa no tiene ningún interés. Parece que hace su trabajo con honestidad, pero cabría preguntarse: ¿por qué con eso es suficiente? Pregunta que también podría servir para Susana Giménez, en quien se ve la tontera como autenticidad; aunque todos sabemos que supo ingresar autos importados y ocultarlos, en la tele da autenticidad. En el caso de Tinelli, es la historia de aquel muchacho simple de Bolívar, que conquistó Buenos Aires, un perfecto representante de la típica fantasía burguesa del siglo XIX”.
Tanto es así que Tinelli no tuvo empacho en mostrarse como un mediocre bailarín en el sketch que protagonizó junto a Florencia Peña –una de las apuestas del productor, junto a Antonio Gasalla–, en el que remedaron a John Travolta y Uma Thurman en la icónica escena de baile de Pulp Fiction, conocida aquí como Tiempos violentos. Kohan también acierta al considerar que el interés pasa por el conductor más que por los sucesos del programa de turno: el mismo Tinelli se ocupó de remarcarlo en su debut de este año, con los fuegos artificiales que estallaron frente a su productora, Ideas del Sur, y no frente a Canal 13. La señal venía perdiendo la batalla del rating televisivo y se esperanza en revertir los resultados a partir del polémico conductor.
La masividad del fenómeno no es, admite el escritor, lo que le gustaría que pase en la sociedad argentina, pero al mismo tiempo reconoce que “las condiciones de trabajo son tan aplastantes que Tinelli puede resultar el entretenimiento adecuado. Es absurdo pensar que la gente, después de una jornada laboral embotante, debería escuchar a Brahms”.
Ana María Shua, por su parte, reflexionó que “no se trata de la sociedad argentina, hay programas equivalentes en canales de aire del mundo entero y siempre lideran los ratings. Tiene que ver con el acceso masivo a la televisión, y con que la sociedad se pauperizó, tanto económica como culturalmente”. Para la autora de El peso de la tentación, la propuesta “no es grave ni mala, pero sí muy infantil, incluso el sexo que causa tanto escándalo, es para chicos de 13 años. Lo único que me parece feo es la promoción de que por fama y dinero se puede hacer todo. De manera encubierta, o entre líneas, hay una promoción encubierta de la prostitución”.
Curiosamente, el perfil del televidente de ShowMatch en el día del lanzamiento se conformó de mujeres, de más de 35 años y de nivel socioeconómico medio y bajo, de acuerdo con el estudio realizado por la empresa Mindshare.
“Esto es un cachivache, un dale que va, me tomo una cervecita, veo a Tinelli y no pienso en nada. No se fomenta la cultura que cuestione, que desarrolle un pensamiento crítico –se ofuscó el cineasta y referente del movimiento Proyecto Sur, Pino Solanas–. Es un modelo de entretenimiento, una variante del norteamericano que distrae la mente de la gente con juego, rifas, casinos, chicas con la cola al aire. La tele es un arma de enorme importancia y peligrosidad, porque marca la agenda diaria, pero cuando el modelo es el lucro y la lucha por el rating… Hay una relativización de la ética y los principios. Nos espera una larga batalla cultural”.
El reconocido escritor Guillermo Martínez no tuvo conceptos tan tajantes, aunque lo primero que señaló fue “la sensación de que toma cosas que podrían hacerse muy bien y podrían ser interesantes, como preparar un cantante o bailarín amateur, pero poco a poco lo va corrompiendo, degradando”. El autor de Yo también tuve una novia bisexual reveló que “de una persona que está adentro de ese mundo”, escuchó que “a la gente no le interesa ver cantantes en escena sino la pelea entre jurados. Que la pura búsqueda de excelencia en una disciplina no aseguraba el rating. Me pareció tremendo como síntoma de la sociedad”. Pese a todo, Martínez rescató otro producto Tinelli, Soñando por cantar, que “se acercaba a lo que uno puede ver con los hijos y mostraba la variedad de nuestra gente, pero está cayendo hacia quién llora más o quién es más agradecido. No es grave, pero está fuera del objetivo central. Tinelli no es malo ni bueno, oscila entre esos extremos”.
A contramano de lo que cualquiera pudiera imaginar, Federico Andahazi confesó “con algún pudor” que nunca vio ShowMatch porque el horario del programa, la noche, es el momento que privilegia para escribir. Fue más allá aún y aclaró que no obedece “a ningún prejuicio, al contrario, el martes me sentí como fuera de algo porque pareciera que nadie se lo perdió. El fenómeno va más allá de si uno lo ve o no, porque aunque elijas no verlo al día siguiente te enterás”. El autor de El conquistador, sin embargo, consideró que “ningún programa de tele es un fenómeno sociológico. Este es mucho más sencillo de lo que suponen los sociólogos y mucho más complejo de lo que creen los televidentes. Tinelli no inventó nada, el formato viene de otro lado y genera los mismos enconos o pasiones”.
En cuanto al conductor, opinó que “ha hecho una especie de sublimación de la boludez, la llevó a un grado de complejidad interesante. Pero si tenemos en alta estima la opinión popular para las elecciones, deberíamos tenerla para los gustos. Imagino que el programa debe tener momentos muy buenos y menos felices, como en la existencia cotidiana”.
El poeta y hombre de radio Tom Lupo conoce a lectores de Borges que ven a Tinelli por la noche, para entretenerse, pero que, a diferencia de Andahazi, “les da pudor reconocerlo, entonces se justifican con que estaban haciendo zapping y se quedaron mirando un ratito. Un semiólogo amigo dice que dentro de unos años Tinelli será un ícono de estos tiempos. Criticar los programas que tienen un gran despliegue de producción y escaso contenido me parece una falta de respeto hacia la gente que los elige. Los medios son deseo y lucha, con producción. El nivel de producción que logró y la picardía de incorporar la pelea entre los jurados es notable. El ser humano es un caníbal domesticado, decía Freud. Y Tinelli lo explota”.
Conocedor de que en casi todos los ámbitos culturales “funciona el mercado”, señaló que “venimos del menemismo, una etapa de banalización de la cultura. No podemos responsabilizar a Tinelli de ese proceso que lo trasciende. Creo que es la historia de un muchacho tímido y medio gordito que se transformó en un hombre seductor y elegante, que maneja bien el micrófono y el discurso. Que tiene gestos de audacia, como incorporar a Florencia Peña o Antonio Gasalla. Y que dice lo que piensa: la tevé es la búsqueda de rating. Alguna vez pensamos que sería un arma poderosa y formidable para difundir la cultura. No es así. Me mantengo absorto mirando el fenómeno”.
Para José Miguel Onaindia, ex director del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), el rechazo de algunos sectores se relaciona, justamente, “con la banalización de los valores, la cosificación de la mujer, la ruptura de algunos códigos. Yo preferiría un programa de otro tipo, pero no hay duda de que es un boom. Tal vez debería hacerse el esfuerzo de inventar otros formatos, ya existieron ciclos exitosos con otro nivel de elaboración”.
Las críticas, aunque mesuradas, sobrepasaron el campo intelectual y se instalaron tanto en los medios como en los comentarios de los televidentes. La Nación, por ejemplo, señaló que “la apertura –bastante desprolija– no convenció. Tampoco lo hizo el sketch de 15 minutos inspirado en Pulp Fiction (…) los protagonistas estuvieron fuera de ritmo y no supieron aprovecharlo”. En cuanto a los seguidores, los comentarios desfavorables pasaron por una lista de bailarines sin grandes figuras, mientras que los de quienes indudablemente no son fans, calificaban al programa de “basura”.
Para quienes lo aman y lo odian, Tinelli volvió a la pantalla chica, con su bagaje a cuestas: peleas, gastadas, bailes provocativos, curvas por doquier y mucha producción. Como en tantas otras cuestiones que hacen a la vida cotidiana, es tómalo o déjalo.
Informe: Jorge Repiso y Deborah Maniowicz
_______________________________________________________________________________
La máquina de facturar
Como todos los años, el regreso de Marcelo Tinelli a la televisión argentina es avasallador. Este año, el rating hogares de su primer programa ShowMatch alcanzó los 38.8 puntos. No sólo superó al primer programa del 2011 que cosechó 37.1 puntos, sino que superó ampliamente a su primera emisión en 2010 con 31,5 puntos, según datos de Ibope. No quedan dudas de que el “rey” de la tele se supera a sí mismo. Sabe que la elección de sus participantes es la clave para seducir televidentes y no se priva de nada.
La central de medios Mindshare explica: “Sólo en sus dos primeros programas se vendieron 435 segundos de publicidad, de los cuales el 80 por ciento se concentró en la tanda tradicional y el restante 20 por ciento fue publicidad no tradicional (locuciones y menciones en vivo). En el primer programa no hubo cortes comerciales (sólo algunas menciones en vivo)”. Si bien el costo por segundo para participar en la tanda de Tinelli cuesta 9.900 pesos en bruto, los anunciantes consiguen descuentos de acuerdo a sus negociaciones. Teniendo en cuenta un descuento promedio del 40 por ciento en la compra de espacio en tanda, sólo en los dos primeros días, Tinelli facturó 2.610.000 pesos. Pero como su programa se emite lunes, martes, jueves y viernes a las 22.30, bien puede promediar los 5.240.000 pesos semanales. Sin contar los PNT, cuyo costo promedian los 80.000 pesos más IVA”.
O sea que tanto debate por los cachets no tenía sentido. Si finalmente, pagarle 150 mil dólares al mes a Antonio Gasalla o 150 mil pesos a Florencia Peña, es para Tinelli una bicoca. Hasta logró reconquistar a las díscolas Carmen Barbieri (80 mil pesos) y Moria Casán (60 mil pesos). Ni hablar de Marcelo Polino, Aníbal Pachano o Flavio Mendoza, que promedian los 40 mil mensuales.
En su segunda emisión pasó de 38.8 puntos a 31.5 puntos. Ariel Pelliza, Business Planing de Mindshare, opina: “En 2012 compite con unas ficciones que están muy fuertes en Telefé (Dulce amor y Graduados), están hace varios meses en pantalla y tienen un alto nivel de fidelidad en el televidente. Por este motivo, es probable que este año el programa esté algunos puntos por debajo del promedio de 2011”. Todo compensa con sus cinco programas satélite que repiten las escenas del show a morir. La máquina de facturar no para.
_______________________________________________________________________________
Afuera las chicas Rud
Marcelo Tinelli decidió dar un golpe de efecto al Bailando por un sueño 2012. Difundió a los cuatro vientos que no admitirá violencia ni escándalos en el set ni fuera de él. Pero hay otro dato que confirma sus intenciones de atravesar la presente temporada de una manera más o menos tranquila. Bellas modelos que participaron de la edición 2011 y que pertenecen a las agencias de Leandro Rud y Leandro Santos no tuvieron cabida en la grilla de participantes del más visible y arrasador envío de la productora Ideas del Sur. Santos tiene una causa pendiente en la Justicia de Uruguay por involucrar a algunas de sus protegidas en el ejercicio de la prostitución. El intercambio de favores pagos se daba en ambas orillas, ya que dos modelos uruguayas aseguraron ante la jueza Graciela Gatti haber participado de orgías bajo engaño en locales bailables del barrio porteño de Palermo. Por estos días, el promotor está a la espera del pedido de extradición al país vecino. Según medios uruguayos, Rud también está sospechado de prácticas similares. Cinthia Fernández y Erika Mitdank, modelos de Santos que participaron el año pasado, no figuran en esta edición de Bailando. Zaira Nara, ex del empresario procesado, tampoco. En cambio, Adabel Guerrero (foto) y Alejandra Maglietti, ambas de la agencia Rud, participan este año del concurso Cantando por un sueño, realizado también por la productora de Tinelli.